Después de tantas aventuras en alta montaña, volvimos a las orillas, a comer en Les Rotes un arroz meloso que nos dejo frito.
Después, dimos un largo paseo por el paseo marítimo, donde mi dulce niña mariposa nos regalo un bellísimo reportaje fotográfico.
Bailamos cerca de las olas, compitiendo con la inmovilidad del horizonte.
El chuxo no cayó al agua, lo que fue una suerte suertuda como no las hay.


















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