Hacía tiempo que no habíamos vuelto a la capital para disfrutar de un día de Fallas. Aprovechamos la visita de Jakipi para sumergirnos en el ambiente Fallero, muy famoso por quemarlo todo.
Vimos unos cuantos Ninots, hicimos numerosas muecas para mimetizarnos con la atmósfera pintoresca, nos tomamos unas cuantas cañas pero no probamos ni buñuelos y aún menos carne a la brasa, aunque había ganas.
Para vengarnos fuimos a visitar al tío Rogelio en su tasca del Palmar. El chuxo casi se atragantó con un bol de Martini del bueno mientras el resto de los convives bailaban alrededor de una mesita repleta de especialidades del terreno.
Al día siguiente y después de tal fiesta, nos animamos a dar un pequeño paseo matutino por la Murta, un lugar idílico después de una buena resaca en familia.
Fue un paseíto divertido y sin mayor problema por una senda floral perfumada por las lluvias del día anterior. Había un poco de barro, nada preocupante para expertos como nosotros. Pierrette abrió el camino y se quedó delante durante toda la excursión como una campeona. De hecho, cuando vuelva, le reservo una caminata de las buenas.
Después, fuimos a ver los peces, son de colores y son bonitos… y además hay castillo. Para recompensarnos de tan buena caminata, Jakipi nos invitaron al Racó de l’Olla donde disfrutamos de un tranquilo fin de día justo a la orilla de la albufera.
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