jueves, 27 de abril de 2017

Día de alturas, Curral das Freiras, Madeira, octubre de 2016.

Fuimos a visitar el pueblo de “Curral das Freiras” cuya especialidad es la castaña. La utilizan para todo, incluso para emborracharse. Nosotros, más sobrios, probamos unos pasteles de Castanha y, la verdad, nos pareció bueno de rebueno.

Después nos fuimos a caminar hacia las alturas, para cambiar de panorama. Pero como el sendero discurría por el flanco de la  montaña con espectaculares precipicios, el bueno del señor Chuxo se quedó en el pueblo, tomándose una birra del terreno, solito y abandonado por Dios y la madre patria.













Por la noche, nos quedamos tranquilitos en “Camara de lobos”, disfrutando del viejo puerto del pueblo y de un magnífico atardecer con sabor mágico.

Mientras, las últimas gaviotas emprendían su postrero vuelo hacía el infinito, otros disfrutaban de unas “caipinegras”, “ponchas” y “caipirinas” en el “Sete mares”, antro de perdición de los viejos lobos y anfibios varios.
























Verada do Fanal, perdido en el bosque de Laurisilva, Madeiras, octubre de 2016.

Como queríamos evitar nuevas aventuras con demasiados acantilados ya que el señor Chuxo se había quedado bastante acojonado, nos decidimos por la ruta de la “Verada do Fanal” que, según habíamos leído, discurría por un bellísimo bosque de laurisilva.

Tuvimos que subir muy por encima de las cimas de la isla para llegar a un inmenso altiplano, reino del viento y del olvido.

Es verdad que una vez en medio del profundo bosque, parecíamos habernos sumergido en otro mundo, el de las leyendas antiguas y de los susurros mágicos.





















El camino bajaba y subía… y seguía bajando para subir de nuevo. Normalmente, la ruta no excedía los 15 kilómetros, pero después de más de cinco horas caminando en medio de un silencio de lo más abrumador y bajo un sol ensordecedor, tuvimos que aceptar que esta aventura no tenía fin.

Después de cruzar la carretera, volvimos hacia atrás con la intención de volver al coche por la única arteria transitable del altiplano. Se llevaron  a nuestras dos aventureras que, sabiamente, habían decido aprovecharse de sus encantos para hacer auto stop . 

Unos veinte minutos después, nuestras dulcineas volvieron a por nosotros en coche, salvándonos del olvido y de no sé que más.

















Nos paramos a tomar una birra en un pueblo sin nombre, comimos unos bocadillos caseros en la playa del “Ilheus da Rib” donde los señores Chuxo y Txema fueron a ver una piedra en forma de roca, solitario monolito más duro que el granito.






Acabamos el día bañándonos en las piscinas naturales de “Porto Moniz” donde el maestro de las olas despertó la furia de las aguas.

El viento se llevó parte de las fotos, dejándonos un borroso recuerdo de ellas. Valientes, nos enfrentamos al fulgor de las olas hasta  el olvido, dejándonos el alma mojada hasta un poco más allá de la eternidad.