Después de las emociones debidas a tantas peripecias, decidimos irnos a pasar el fin del día en el barrio antiguo de Funchal, tomando un agradable refresco y disfrutando de las calles concurridas de la capital de la isla.
Aunque las calles han sido adornadas para recibir al turista hambriento, gran parte de las calles tienen sus puertas pintadas por artistas de la isla. El conjunto le da aún más matices a un barrio ya por si bastante coloreado.
Pequeñas plazas, calles estrechas, algunas muy abandonadas, diminutas iglesias y muchos restaurantes crean una atmósfera típica y acogedora, sobre todo con la luz rasante de un sol a punto de despedirse.
Mi niña se entusiasmó tanto que hizo decenas y decenas de fotos de puertas. Imposible ponerlas todas en este pequeño reportaje, pero hemos dejado una buena muestra para saborear unas cuantas de estás delicadas pinceladas.
































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