jueves, 12 de marzo de 2009

El Monte Picayo, marzo 2009

Porta Coeli - Monte Picayo, el 7 y 8 de marzo.

Primeros rayos de sol, primeras escapadas en solitario, lejos del bullicio y de su movimiento. Dejando atrás los ruidos de la ciudad me encuentro entre senderos inexplorados. Un fin de semana de silencio… Si no me muevo, no se me puedes ver.


El sendero me llama y me dice: “Ven, sígueme un rato, refúgiate entre mis sinuosos brazos hechos de sol y sombra.”

A veces perderse es bello…

Huele a pino y eso es bueno. Olores olvidados me recuerdan sensaciones de cuando era niño, momentos de sonrisas y risas.

Aquí está mi memoria.

Una mesa, un almuerzo… y migas para los pájaros.

Otro día, otro sendero. Vigilantes entusiastas me acompañan entre recodos silenciosos…

Montan guardia, imperturbables. Ha sido duro llegar hasta aquí, y será el precio que tendré que pagar para pasar detrás de esta muralla espinosa.

Entre las sombras, el cielo se hace más protector.

Un último adiós… y sigo mi camino hacia las cimas sin nubes.

Dulce es la subida, y apacible los árboles que me susurran la bienvenida.

Bajo su protección me tumbo un rato. Pronto tendré que volver a bajar, deshacer el camino hecho y empezarlo de nuevo todo desde cero.

Desde luego, a mi vuelta el paisaje del principio es el mismo.