Porta Coeli - Monte Picayo, el 7 y 8 de marzo.
Primeros rayos de sol, primeras escapadas en solitario, lejos del bullicio y de su movimiento. Dejando atrás los ruidos de la ciudad me encuentro entre senderos inexplorados. Un fin de semana de silencio… Si no me muevo, no se me puedes ver.
Primeros rayos de sol, primeras escapadas en solitario, lejos del bullicio y de su movimiento. Dejando atrás los ruidos de la ciudad me encuentro entre senderos inexplorados. Un fin de semana de silencio… Si no me muevo, no se me puedes ver.
El sendero me llama y me dice: “Ven, sígueme un rato, refúgiate entre mis sinuosos brazos hechos de sol y sombra.”
Huele a pino y eso es bueno. Olores olvidados me recuerdan sensaciones de cuando era niño, momentos de sonrisas y risas.
Montan guardia, imperturbables. Ha sido duro llegar hasta aquí, y será el precio que tendré que pagar para pasar detrás de esta muralla espinosa.
Bajo su protección me tumbo un rato. Pronto tendré que volver a bajar, deshacer el camino hecho y empezarlo de nuevo todo desde cero.







