jueves, 28 de diciembre de 2023

Peregrinaje hasta Socoa, Pais vasco francés, septiembre de 2023.

Ya lo sabemos, esta ruta del Sentier du litoral la hemos hecho una infinidad de veces. Pero no se trata de una caminata cualquiera sino de un verdadero Peregrinaje que emprendemos cada año. Somos así, es nuestra manera de rendir homenaje a unas tierras que amamos profundamente.


Siempre emprendemos nuestra partida a la playa de Erromardie, a unos cuantos pasos de nuestro nido de verano, pasando por la Cruz de Archiloa y sus impresionantes vistas sobre gran parte de la costa.









Después de la cripta del Caballero Firmin Van Bree, se llega a la colina de Sainte Barbe que nos ofrece las mejores panorámicas de Saint-Jean-de-Luz.






Hay que pasar por el puerto y la Casa de la Infanta y después cruzar el puente que nos deja un bellísimo pueblo de Ciboure y de su impresionante iglesia que solemos visitar con la misma fascinación que si la estuviéramos descubriendo por primera vez.
















Una vez fuera del pueblo, se sigue por le paseo marítimo que sigue la costa hasta el lejano puerto de Socoa. La vistas no cambian nunca, pero conllevan consigo una real fascinación que nos ha embrujado para siempre.





El camino es largo hasta el pequeño puerto, y aunque lo hemos emprendido muchas veces, siempre nos encontramos con nuevos pequeños detalles por descubrir.






El pequeño fuerte de Socoa es la meta de aquella excursión. Antes se podía caminar hasta el final del gran dique, no obstante, las panorámicas que van del alta mar hasta las cimas de la Rhune, pasando por Saint-Jean-de-Luz son imprescindibles si quieres dejarte penetrar por la magia de la costa vasca.













Pero hay que volver, y mi niña exploradora se conoce de corazón el camino de vuelta que hay que emprender. Aquella vez, nos paramos en la plaza Louis XIV de Saint-Jean-de-Luz, pasando por la bahía y sus imprescindibles vistas sobre los tres diques que son… Socoa, El Arta y Sainte barbe.











Más allá del horizonte, el cielo se funde con el bravo océano, creando una frontera del invisible donde el silencio vela sobre la inmensidad.