domingo, 21 de octubre de 2007

Albarracín, septiembre 2007


Albarracín, del miércoles 26 hasta el domingo 30 de septiembre.

Es con mi amigo Txema que me fui hasta las altas murallas del olvido, llevando en las maletas todas mis penas, pinceles y lápices.

Silencio.

En la ciudad, el viento toma posesión de las almas perdidas, de las que no quieren saber nada más de la realidad y de su cortejo de lamentaciones, fantasmas hastiados de las princesas de lo imposible… huyendo de los malos augurios escondidos en la sombra del campanario de los suspiros.


A lo lejos… el silencio.

El pueblo del frío recuerdo, ni almas en sus calles sinuosas.

Mentira, aquí un habitante de las sombras. Con desdén, ni nos ofrece una mirada.

Allí arriba existe el cielo, pincelada azulada del infinito.

Monsieur le Txema, guerrero de pinceles agudos.

En la puerta del laberinto, hay que darle tres toques para pasar al otro lado.

Rápidamente perdidos en las profundidades, el silencio no ofrece ninguna salvación.

Un ruido, el frío recuerdo del olvido nos hace sospechar de las sombras.

Nada.

Aquí tampoco.

Uno buscando la luz, escapatoria hacia la nada.

Fuera del laberinto, la vida parece distinta. Detrás de mi… me esperan mis recuerdos.

Una última mirada hacia el norte y sus peregrinos invisibles.

Unos deciden que ya está bien para hoy, que hay que darle la espalda al recuerdo, el olvido… y todo lo demás.

Aquí está, el marciano de segunda mano.

¡Cojones! ¡Vaya lastre el gabacho aquél!

Justo antes de emprender el camino de vuelta, dos segundos y clic… desaparecemos.

miércoles, 12 de septiembre de 2007

Getxo, agosto 2007


Como despedida.

Para acabar esta excursión fotográfica de un verano de diluvio, aquí tenemos un apunte de mi amigo Alex Orbe, concluyendo este agenda húmeda con una nota de papel reseco.





Bilbao y Getxo, agosto 2007


Bilbao/Getxo, el martes 21 de agosto.

Urbe bajo el agua, lagrimas de dioses cayendo sin parar, los cielos no estaban de mi lado el día de mi llegada. Nublados los ojos, me aproveche del poco sol que había para fijar unos negativos de milagro. Paseando sin mi sombra, conseguí perderme para después volver a encontrarme. Al día siguiente, decidí volver a Valencia, dando punto y final a mi recorrido por la costa atlántica.


Peceras urbanas para mariscos de ciudad.


Esquina de los suspiros perdidos. En busca de un poco de sol, levanté la cabeza para ver que ya no había cielo ninguno.


Casa del pingüino amoroso. Cada noches, el animal deambula en los pasillos de su gran mansión como un autómata noctámbulo.


Pegado a la puerta, imposible mover al buen hombre.


Antiguo callejón de los pescadores olvidados, desaparecidos en alta mar en busca de sirenas de promesas eternas.


Interior de un exterior. Desde fuera, ya estás dentro.


Mansión del fantasma de los ojos tristes.


Aquí, el tiempo dejo su firma en forma de olvido.


Bello monumento fúnebre.


Pilar en fin de sustento.


Guardianes de equilibrio precario.

Roca atormentada como despedida de este curioso diario fotográfico.


martes, 11 de septiembre de 2007

Saint Jean de Luz, agosto 2007


Saint Jean de Luz, el lunes 20 de agosto.

El paseo por la ciudad de mi infancia fue muy breve. Tormentoso, el tiempo apenas me dejo poner un pie fuera, en las calles donde paseaba de adolescente, en busca de un amor perdido, de un sueño despierto o simplemente para dar una vuelta hacia mi tienda de juguete preferida.



Desde el balcón de la casa, la vista no parece haberse petrificado durante las desceñías de mi ausencia. La iglesia donde se casó Louis XIV predomina todavía la pequeña ciudad vasca.


¡Cuidado! Que viene el pigmeo de la selva, domador de leones y gran amante de gacelas.


Padre e hijo, esperando la próxima llegada del sol perdido.


No me vaciles, tío, y dame los putos caramelos.


viernes, 7 de septiembre de 2007

La Corniche, agosto 2007


La Corniche, el domingo 19 de agosto.

Día de tormenta para recuerdos de diluvio. En una cala escondida en un rinconcito de mi mente aturdida, volví a descubrir playas de piedra y roca, donde el sol iluminaba días que parecían eternos. En cada rincón una imagen de mi infancia, un esbozo de lo que era la simple felicidad… hasta los cangrejos y camarones no habían cambiado.



Monumentos de la eterna espera con desnivel correspondiendo al peso del tiempo.


Rocas militares aguantando asaltos de cadencia repetitiva.


Esbozos de memoria terrenal.


Tiempo muerto, escuchad el silencio.


Allí abajo viven las entes invisibles, las risas de los niños y los gemidos de los amantes.


Contorsionados de la risa.


Esta roca es la donde jugaba con mis dinosaurios de plástico, desaparecidos por el impacto del meteorito de la adolescencia.


Dedos de un gigante dormido.


Mirando el horizonte incierto de mis propios recuerdos.


De camino hasta por encima de la última cumbre.


No me lo digas, hazlo.


En equilibrio delante de las nubes.


Hasta la belleza no tiene palabras.


jueves, 6 de septiembre de 2007

Ustaritz, agosto 2007


Ustaritz el sábado 18 de agosto.

Tarde de sol, noche de luna, el día se mudó en una agradable comilona entre luz y sombra. Un pueblo perdido en el monte, una casa silenciosa para acariciar la brisa, y el tiempo se esfumó sin dejar rastro alguno. Así son las fiestas, una mezcla indescriptible de sensaciones imprevisibles.


Cazadores de viento emprendiendo carrera esférica.


Suspiro de último aliento.


Sonrisa de sol lunar entrecortada por mirada puntiaguda.


Entre sol y sombra, luchadores de pacotilla.


Hombre Made in Taiwán con sombrero de paja incluido en el precio.


Bebedor de vida alegre.


Tocador de mandarinas espectando golondrinas.


A la espera del sustento prometido.


Entre Cirano y Dartagnan, retrato sospechoso.


¿Ya viene el postre?


Creo que se lo ha comido el perro.


No me mires así tío, que no ha sido yo…


Aquí están dos pasteles y tres cumpleadores.


Primer plano de enfoque panorámico.


Descanso del bebedor. Apuntes en el cuaderno mágico donde se juntan ideas y historias.