Bilbao/Getxo, el martes 21 de agosto.
Urbe bajo el agua, lagrimas de dioses cayendo sin parar, los cielos no estaban de mi lado el día de mi llegada. Nublados los ojos, me aproveche del poco sol que había para fijar unos negativos de milagro. Paseando sin mi sombra, conseguí perderme para después volver a encontrarme. Al día siguiente, decidí volver a Valencia, dando punto y final a mi recorrido por la costa atlántica.
Esquina de los suspiros perdidos. En busca de un poco de sol, levanté la cabeza para ver que ya no había cielo ninguno.
Casa del pingüino amoroso. Cada noches, el animal deambula en los pasillos de su gran mansión como un autómata noctámbulo.
Antiguo callejón de los pescadores olvidados, desaparecidos en alta mar en busca de sirenas de promesas eternas.









No hay comentarios:
Publicar un comentario