viernes, 7 de septiembre de 2007

La Corniche, agosto 2007


La Corniche, el domingo 19 de agosto.

Día de tormenta para recuerdos de diluvio. En una cala escondida en un rinconcito de mi mente aturdida, volví a descubrir playas de piedra y roca, donde el sol iluminaba días que parecían eternos. En cada rincón una imagen de mi infancia, un esbozo de lo que era la simple felicidad… hasta los cangrejos y camarones no habían cambiado.



Monumentos de la eterna espera con desnivel correspondiendo al peso del tiempo.


Rocas militares aguantando asaltos de cadencia repetitiva.


Esbozos de memoria terrenal.


Tiempo muerto, escuchad el silencio.


Allí abajo viven las entes invisibles, las risas de los niños y los gemidos de los amantes.


Contorsionados de la risa.


Esta roca es la donde jugaba con mis dinosaurios de plástico, desaparecidos por el impacto del meteorito de la adolescencia.


Dedos de un gigante dormido.


Mirando el horizonte incierto de mis propios recuerdos.


De camino hasta por encima de la última cumbre.


No me lo digas, hazlo.


En equilibrio delante de las nubes.


Hasta la belleza no tiene palabras.


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