Mi niña caminadora había encontrado una pequeña ruta cerca de Bugarra que tenía el gran privilegio de llevarnos hasta una de las antiguas entradas del Averno. Con nosotros, Bea y Txema que nos habían invitado a pasar el fin de semana con ellos.
No fue una ruta muy complicada y no nos topamos con ningún que otro diablo. Menos mal para ellos ya que mi Pequeño Volcán es capaz de domar hasta el Belzebut en persona.
Encontramos de milagro aquella cueva escondida en un recoveco de la montaña. El frescor que debe procurar en verano tiene que ser más que bienvenido, y sus altas paredes están aún bastante bien conservadas y dignas de ser visitadas.
No volvimos enseguida sino que subimos hasta la cresta para así poder admirar una impresionante panorámica, con nuestras dos chispis volando hacia las nubes.
Después, vuelta tranquila hasta el coche y la casa donde mi niña jefa de cuadrilla nos hizo un arroz con cangrejos azules para hacer llorar a los ángeles y diablos juntos.
Para terminar, hice un pequeño vídeo para homenajear la pequeña casa de Bugarra que tantas veces he visitado a lo largo de los años.


























