martes, 30 de marzo de 2021

En busca de la cueva del Diablo, Bugarra, marzo de 2011.

Mi niña caminadora había encontrado una pequeña ruta cerca de Bugarra que tenía el gran privilegio de llevarnos hasta una de las antiguas entradas del Averno. Con nosotros, Bea y Txema que nos habían invitado a pasar el fin de semana con ellos.


No fue una ruta muy complicada y no nos topamos con ningún que otro diablo. Menos mal para ellos ya que mi Pequeño Volcán es capaz de domar hasta el Belzebut en persona.



Encontramos de milagro aquella cueva escondida en un recoveco de la montaña. El frescor que debe procurar en verano tiene que ser más que bienvenido, y sus altas paredes están aún bastante bien conservadas y dignas de ser visitadas.







No volvimos enseguida sino que subimos hasta la cresta para así poder admirar una impresionante panorámica, con nuestras dos chispis volando hacia las nubes.








Después, vuelta tranquila hasta el coche y la casa donde mi niña jefa de cuadrilla nos hizo un arroz con cangrejos azules para hacer llorar a los ángeles y diablos juntos.




Para terminar, hice un pequeño vídeo para homenajear la pequeña casa de Bugarra que tantas veces he visitado a lo largo de los años.



domingo, 21 de marzo de 2021

Un paseo silvestre por Llaurí, marzo de 2021.

Como no sabíamos si iba a llover, decidimos irnos muy cerca de casa, hacía el pueblo de Llaurí, al otro lado de la Cruz del Cardenal.

Además como el cierre perimetral nos impedía alejarnos mucho, nos venía bien estar a un tiro de piedra del Nido Alto.

La ruta empieza en el pueblo mismo, pero como somos unos cracks, la empezamos al revés como buenos peregrinos de lo imposible. ¡Olé!



La caminata no es muy complicada y los senderos pocos transitados, con mi niña de ojos de lince abriendo el camino.

Sube un poco pero nada muy alto. El bosque de pinos es magnífico y desde allí las vistas tienen un toque poético.


Se llega a un cruce de caminos donde la vista nos ofrece una panorámica excepcional y que abarca por un lado el mar y Cullera y por el otro un valle escondido y la Murta y el Cavall de Bernat, que mi niña flor fue la primera en vislumbrar, así como la Cruz del Cardenal que nos vigilaba desde las alturas.




Después bajada hasta la zona de las huertas, muy floridas después de tantas lluvias.


Seguimos hasta la carretera, evitando jabalíes y serpientes… y vuelta en coche al Nido, a comer una buena paella, de las que sólo sabe hacer mi bella cocinera.