Bordeaux, la ciudad de los sueños perdidos.
Nuestro paseo por Bordeaux empezó por las alturas, porque soñar sin volar no es soñar. La ciudad ama las nubes, y sus ángeles cuidan el transeúnte perdido entre ramas y hojas de oro puro.
Nuestro paseo por Bordeaux empezó por las alturas, porque soñar sin volar no es soñar. La ciudad ama las nubes, y sus ángeles cuidan el transeúnte perdido entre ramas y hojas de oro puro.
En lo alto, todo es silencio. Las campanas descansan y las palomas se esconden de la luz cadente de piedad. También está el silencio… el silencio y la belleza del que lo escucha.
Entre callejuelas oscuras y plazas soleadas, un poco de frescor da juego al día. La mesa esta puesta y ya es la hora de volver a casa.









































































































