Como cada año, justo antes de salir de buena mañana para nuestro viaje de vuelta, nos encanta contemplar una última vez la gran playa de Erromardie que nos ha acompañado durante todas nuestras vacaciones.
Al igual que el día de nuestra llegada, el temporal estaba más que lluvioso, con el océano más salvaje que nunca. Siempre nos cuesta irnos con tantos buenos recuerdos, de los que nos van a calentar el corazón durante todo el resto del año.
Así que es la hora de despedirnos hasta nuestra próxima vuelta. ¡Hasta pronto, bella playa de nuestros veranos!
Era nuestro último día de vacaciones. Había llovido todo el día, al igual que el día de nuestra llegada, pero curiosamente, justo durante las últimas horas de la jornada, el sol pareció invitarnos a salir de nuestro cálido nido.
Es mi niña que tuvo la idea de ir hasta Bidart, un pequeño pueblo costero a unos cuantos kilómetros de Saint-Jean. Así que nos fuimos con ganas de iluminar una jornada tan poco atractiva.
Llegamos, aparcamos y empezó a llover la de Dios. Nos cagamos en los huevos de los Santos, y después de dar una vuelta rápida por la plaza del pueblo, entramos en un bar vasco de los buenos, con vista hacia el frontón convertido en la ocasión en piscina municipal.
Los chuxines siempre se lo pasan bien… así que nos lo pasamos de lujo total. ¡Huevos hay que ponerlos al fuego cuando llueve, cojones!
Después del fiestorón, descubrimos que había un concierto de cantos vascos en la iglesia del pueblo, así que nos confundimos con un tropel de peregrinos qui iban en la misma dirección y nos fuimos a calentar el alma cómodamente sentados en la bóveda celeste para disfrutar de la pura belleza de los cantos ancestrales.
Nos quedamos hasta el postrero suspiro del último canto y nos volvimos de noche, ladrando como chuxines mojados… pero contentos y exaustos.
Casi cada mañana, justo antes de preparar el desayuno de los chuxines, el desayuno de los Reyes del Mambo, he tomado una foto desde la terraza de nuestro bello Nido, el de verano, apenas a unos cuantos metros de la famosa playa de Erromardie, tomando el pulso del día mientras se calentaban el café y las tostadas.
Es un ejercicio que suelo hacer cada año, así que me temo que a nivel de originalidad, las fotos carecen del encanto de las entradas anteriores. No obstante, me gusta hacerlas y compartir aquellos simples momentos cotidianos, tan bellos como invisibles.
Probablemente seguiré haciendo lo mismo el año que viene… y dudo mucho que las vista hayan cambiado hasta entonces ;-)
Para nuestro último día de vacaciones, el tiempo se había vuelto tumultuoso. Es que este año nos ha tocado muchos días de duros temporales. Pero los chuxines son animales de recursos y siempre buscan la forma de entretenerse sabiamente.
Pero antes de irnos, teníamos que despedirnos como toca y dar un buen paseo en la gran playa de Erromardie para impregnarnos de su belleza tan peculiar. Aquel día, nada de bello atardecer… sólo nubes y encantos.
Y es así que nos fuimos, con un poco de arena entre los dedos de los pies y muchos recuerdos bien calentitos escondidos a buen recaudo.