lunes, 23 de abril de 2018

Cerezos en flor, Alcalá de la Jovada hasta la Foradà, Vall de la Gallinera, marzo de 2018.

El espectáculo era impresionante, campos, praderas y árboles, todos en flor para darnos la bienvenida.

Empezamos la caminata en el pueblo mismo, una ruta muy fácil que nos llevó hasta una aldea abandonada donde pudimos admirar la naturaleza en todo su esplendor.











Aquel día, el Grupo Alfa estaba liderado por Rosanna, seguida de cerca por la tropa de los Turjulones felices.




Más arriba, la Foradà vista desde la sierra, con una pequeña subida rutinaria que hicimos en un plis plas.







Una vez arriba, pudimos admirar toda la Vall de la Gallinera en todo su esplendor, para mi unos de los valles más bello de toda la comarca.



En cuanto a la Foradà, no pudimos resistir en hacer las fotos de circunstancias.




Volvimos casi por el mismo camino, dando una vuelta por unas cuevas que ofrecían una vista directamente enfocada hacia la Foradà.







Seguimos por los campos en flor hasta llegar al pueblo, escapando por los pelos del temporal que había cambiado en un santiamén inesperado.







Recobramos fuerzas en la Font d’Alcalà, un restaurante más que recomendable, donde nos embebimos del Rumor que dejaron las nubes después de la lluvia.






Agres, Montcabrer, Sierra de Mariola, febrero de 2018.

Nuestro periplo empezó en el Santuario de la Virgen del castillo, situado cerca del pueblo de Agres, un rincón de gran hermosura, lo ideal para empezar una larga peregrinación campestre.




El camino no tiene perdida, es todo subida hasta la meta… una verdadera delicia para todos los sentidos.







Mi niña exploradora encontró nieve. ¡Cuanta alegría! Hasta el señor Chuxo ladró para inmortalizar tal descubrimiento.





Más allá, todavía inaccesible, nos esperaba el Montcabrer, erguido e indomable.







Seguimos subiendo sin descanso, disfrutando de las vistas cada vez más impresionantes.



Mi niña flor fue la primera en llegar a la cima, rodeada de gorriones atentos a cualquier miga desperdiciada.







Después de un breve descanso, emprendimos el camino de vuelta acompañados por una nube de aves misteriosas.




Nos despedimos de la nieve como es debido, siguiendo a buen ritmo una bajada endiablada.





A lo lejos, el Montcabrer se quitaba su sombrero de nubes a modo de despedida.



Descubrimos la Cava Arquejada, una antigua reserva de hielo, escondida en medio del bosque, una grata sorpresa antes de la bajada final.






El sendero se volvió muy rudo, con una bajada empinada que nos dejo hechos polvo… pero al final descubrimos los primeros cerezos en flor, primicia del gran espectáculo de la primavera.