Nos fuimos en coche, con el Chuxo conductor al volante, todo un reto transcendental, llegando a casa de Felisa e Ignacio donde nos fuimos de tapeo con ganas y entusiasmo.
Al día siguiente, bajamos a la capital de buena mañana, dando una gran vuelta empezando por el Palacio real, la Plaza Mayor donde nos juntamos con Andrés, mago de las miradas encantadoras, pasando por la catedral de Santa María y sus impresionantes puertas de bronce y volviendo por los jardines de Sabatini.
Después seguimos caminando por bares de lujo en tascas maravillosas, la vida tocando un rumbo digno de una rumba, con mi niña flor bailando como una bella princesa mariposa.
Vimos al Oso del sol, volamos con pajaritos de papel en el Ayuntamiento donde nos transportamos 2000 años atrás viajando con camellos y toda la pesca.
Brindamos hasta la llegada de la noche iluminada de un azul nuclear en previsión de las fiestas apocalípticas del final de año.
































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