lunes, 23 de abril de 2018

Agres, Montcabrer, Sierra de Mariola, febrero de 2018.

Nuestro periplo empezó en el Santuario de la Virgen del castillo, situado cerca del pueblo de Agres, un rincón de gran hermosura, lo ideal para empezar una larga peregrinación campestre.




El camino no tiene perdida, es todo subida hasta la meta… una verdadera delicia para todos los sentidos.







Mi niña exploradora encontró nieve. ¡Cuanta alegría! Hasta el señor Chuxo ladró para inmortalizar tal descubrimiento.





Más allá, todavía inaccesible, nos esperaba el Montcabrer, erguido e indomable.







Seguimos subiendo sin descanso, disfrutando de las vistas cada vez más impresionantes.



Mi niña flor fue la primera en llegar a la cima, rodeada de gorriones atentos a cualquier miga desperdiciada.







Después de un breve descanso, emprendimos el camino de vuelta acompañados por una nube de aves misteriosas.




Nos despedimos de la nieve como es debido, siguiendo a buen ritmo una bajada endiablada.





A lo lejos, el Montcabrer se quitaba su sombrero de nubes a modo de despedida.



Descubrimos la Cava Arquejada, una antigua reserva de hielo, escondida en medio del bosque, una grata sorpresa antes de la bajada final.






El sendero se volvió muy rudo, con una bajada empinada que nos dejo hechos polvo… pero al final descubrimos los primeros cerezos en flor, primicia del gran espectáculo de la primavera.




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