martes, 28 de febrero de 2017

Bye bye Saint-Jean, Saint-Jean-de-luz, septiembre de 2016.

El día llegaba a su fin, dejando un atisbo de luz que se difuminaba en un silencio encantador.

Las gaviotas se despedían, saludando la ciudad costera tintada de un suave abrigo anaranjado, preludio de una bella puesta de sol.

Los tres diques clamaban un “hasta luego” mientras las nubes seguían su efímero camino hacia la incertidumbre.







En casa de Phil, la cena estaba a punto… y no faltó ni cariño, y aún menos aperitivos, vinos y champán, todos dignos de iluminar una noche que acaba de empezar. 

Nos reímos mucho, escuchando historias y cuentos a corazón abierto, reflejos de nuestra memoria.

Vi un antiguo diccionario mío, uno de mi infancia, que aún yacía olvidado en medio del caótico ambiente de la casa, la del tejado y de los recuerdos de mi niñez.







Tarde, muy tarde, nos despedimos de Saint-Jean, de su playa y de las estrellas que, cada noche, iluminan el paseo de nuestros recuerdos.





lunes, 27 de febrero de 2017

Día de playa, Guéthary, septiembre de 2016.

Nos costó llegar hasta esta pequeña playa solitaria, pero el esfuerzo valió la pena. Aquel día, el cielo era tan azul que su reflejo en las tranquilas aguas del océano deslumbraba hasta las escurridizas sirenitas solitarias.

Era marea baja y las rocas nos ofrecían pequeñas cuencas de agua cálida y transparente, un pequeño paraíso donde los cangrejos tomaban el sol tranquilamente, disfrutando de este dulce verano Indio. 

Hasta los pececillos venían a darnos besitos de cariño.

Nadamos un poco, sobre todo mi sirenita de agua salada cuya piel iluminaba de felicidad a un chuxo saltarín, explorador y submarinista.

Me dormi observando las nubes cantautoras que se deslizaban desdibujando recuerdos ancestrales.

Fue un buen día, y el sol, amo del cielo, nos prometió volver al día siguiente para calentar de nuevo nuestros exhaustos corazones.












miércoles, 22 de febrero de 2017

Un bello anochecer en Sainte-Barbe, Saint-Jean-de-Luz, septiembre de 2016.

¡Mmmmm! ¡Qué sabrosa la cena que preparó mi sirenita en el pequeño estudio de la “Résidence du golf”, con sabor a océano, sal marino y vista hacia la bahía.

Después, subimos hasta Sainte-Barbe, el promontorio rocoso que domina Saint-Jean-de-Luz, para disfrutar de una puesta de sol de enamorados, deleitándonos del fuerte latir de las olas contra los diques que cierran el paso al furor del océano.

Las palabras sobran frente a la inmensidad, belleza de las bellezas. 

¡Mirad, mirad, hasta que vuestro corazón rebose de felicidad!

¡Qué tengáis un buen anochecer!




















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martes, 21 de febrero de 2017

Hondarabia, de día… y de noche, septiembre de 2016

El día de nuestra llegada a Saint-Jean-de-Luz, Eva y Phil nos invitaron a cenar en un famoso bar de tapas en la frontera española. Fuimos allí con su viejo Mercedes, un tanque de casi 30 años de edad, y sin un solo rasguño, un verdadero milagro conociendo la bestia parda que, a duras penas, consiguió encontrar dicha tasca.

Después, es con la tripa bien llena que nos fuimos a Hondarabia, bastante alegres y animados. Era la fiesta del pueblo y nos reímos muchísimos dándonos besos y compartiendo chupitos, cervezas y helados al estilo vasco (con los huevos puesto).



Dos días después, una vez acabada nuestra aventura en el Jaizkibel, volvimos a Hondariabia, pero solos y de día… y con más hambre que el que se perdió en el Sahara.





Hicimos unas fotos en la plaza del pueblo, ahora casi desierta de fiesteros y de bandas de música, un duro contraste con la fiesta de la noche anterior.





Nos sentamos en la terraza de un bar de tapas, disfrutando de la brisa marina, del aleteo de la gaviotas y de dos cervezas bien frescas que nos sirvieron con montaditos del terreno.






Mi niña, mimetizándose con el entorno, cambiaba de color según la casa por la que se acercaba. De echo, casi todas las fotos de este reportage son de su propia autora.



Acabamos el día como reyes, disfrutando del momento en el jardín dela “résidence du golf”, en Saint-Jean, deleitándonos de la puesta del sol enlazados como enamorados de la vida.