El día de nuestra llegada a Saint-Jean-de-Luz, Eva y Phil nos invitaron a cenar en un famoso bar de tapas en la frontera española. Fuimos allí con su viejo Mercedes, un tanque de casi 30 años de edad, y sin un solo rasguño, un verdadero milagro conociendo la bestia parda que, a duras penas, consiguió encontrar dicha tasca.
Después, es con la tripa bien llena que nos fuimos a Hondarabia, bastante alegres y animados. Era la fiesta del pueblo y nos reímos muchísimos dándonos besos y compartiendo chupitos, cervezas y helados al estilo vasco (con los huevos puesto).
Dos días después, una vez acabada nuestra aventura en el Jaizkibel, volvimos a Hondariabia, pero solos y de día… y con más hambre que el que se perdió en el Sahara.
Hicimos unas fotos en la plaza del pueblo, ahora casi desierta de fiesteros y de bandas de música, un duro contraste con la fiesta de la noche anterior.
Nos sentamos en la terraza de un bar de tapas, disfrutando de la brisa marina, del aleteo de la gaviotas y de dos cervezas bien frescas que nos sirvieron con montaditos del terreno.
Mi niña, mimetizándose con el entorno, cambiaba de color según la casa por la que se acercaba. De echo, casi todas las fotos de este reportage son de su propia autora.
Acabamos el día como reyes, disfrutando del momento en el jardín dela “résidence du golf”, en Saint-Jean, deleitándonos de la puesta del sol enlazados como enamorados de la vida.

















No hay comentarios:
Publicar un comentario