martes, 28 de febrero de 2017

Bye bye Saint-Jean, Saint-Jean-de-luz, septiembre de 2016.

El día llegaba a su fin, dejando un atisbo de luz que se difuminaba en un silencio encantador.

Las gaviotas se despedían, saludando la ciudad costera tintada de un suave abrigo anaranjado, preludio de una bella puesta de sol.

Los tres diques clamaban un “hasta luego” mientras las nubes seguían su efímero camino hacia la incertidumbre.







En casa de Phil, la cena estaba a punto… y no faltó ni cariño, y aún menos aperitivos, vinos y champán, todos dignos de iluminar una noche que acaba de empezar. 

Nos reímos mucho, escuchando historias y cuentos a corazón abierto, reflejos de nuestra memoria.

Vi un antiguo diccionario mío, uno de mi infancia, que aún yacía olvidado en medio del caótico ambiente de la casa, la del tejado y de los recuerdos de mi niñez.







Tarde, muy tarde, nos despedimos de Saint-Jean, de su playa y de las estrellas que, cada noche, iluminan el paseo de nuestros recuerdos.





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