lunes, 25 de julio de 2016

El museo de miniaturas de Guadalest, marzo de 2016.

Es cierto que el mundo visto en muy pequeño tiene un atractivo especial e inconfundible. Es como entrar en un microcosmos parado en el tiempo y donde la vida se ha fijado para siempre, dejando un atisbo de movimiento ya que es el espectador el que tiene que moverse para contemplar estos retratos en tres dimensiones.

Cuando entré en este pequeño museo, me impactó la visión del artista así como su virtuosidad. Cada cuadro siendo el fruto de mucha sabiduría, precio de una labor imparable. 






Hay tantos detalles en cada obra que es imposible divisarlos todos a primera vista… y aquí está el secreto del museo: son tantas las anécdotas de cada escena, fragmentos esparcidos de vidas no vividas, que el espectador sólo puede sentirse atraído por los detalles, detalles que, por supuesto, nunca podrá descubrir en su totalidad.















Me he quedado con el recuerdo de una maravillosa visita repleta de silencio, testigo de la magia del lugar, con mi niña flor a mi lado tirándome de la manga a cada uno de sus maravillosos descubrimientos.







martes, 12 de julio de 2016

El chuxo preso del pánico, Els Arcs, marzo de 2016.

Aquél día, mi niña estaba aún más guerrera que nunca. Nos habíamos levantado temprano y la aventura nos esperaba más allá del camino.

A lo lejos, las cimas rocosas nos saludaban con el silencio que les corresponde. En el camino, muchas flores daban un toque de felicidad matutina al paisaje ya por si mágico.









Como la subida era leve, mi bella mariposa empezó a revolotear bailando entre matorrales.




Por fin, a lo lejos, se vislumbraban “Els Arcs”, la meta de nuestra pequeña aventura. Mi niña, que no tiene miedo a nada, seguía caminando a buen ritmo, dejando atrás a su chuxo ladrador.




Más nos acercábamos, más el terreno se volvía abrupto, lo que no era mucho del agrado del chuxo que seguía atrás con la colita metida entre las patas.




Una vez allí, las impresionantes vistas nublaron la mente del buen animal que se quedó totalmente paralizado mientras su amada dulcinea de los bosques contemplaba esta vertiginosa catedral natural sin miedo alguno.  




Volver hacia atrás fue la mejor noticia del día para el chuxín, ¡sí señor!




En el camino de vuelta, muchas flores y bellos arbustos adornaban con sutiles toques de color el sendero que discurría entre campos de almendros.







Caminamos hasta encontrarnos justo al otro lado de los Arcos, disfrutando desde lejos de las impresionantes rocas esculpidas por el Tiempo.









Casi de vuelta al coche, el señor chuxo se adueñó de un terreno, proclamando suya aquella bella casa de campo con pozo incluido.



Por la noche, en medio de la penumbra, los gatos de Castell de Castells se deleitaban a la fresca de un largo día gatuno. El chuxo, exhausto, ni les ladró para saludarlos como es su costumbre.