martes, 12 de julio de 2016

El chuxo preso del pánico, Els Arcs, marzo de 2016.

Aquél día, mi niña estaba aún más guerrera que nunca. Nos habíamos levantado temprano y la aventura nos esperaba más allá del camino.

A lo lejos, las cimas rocosas nos saludaban con el silencio que les corresponde. En el camino, muchas flores daban un toque de felicidad matutina al paisaje ya por si mágico.









Como la subida era leve, mi bella mariposa empezó a revolotear bailando entre matorrales.




Por fin, a lo lejos, se vislumbraban “Els Arcs”, la meta de nuestra pequeña aventura. Mi niña, que no tiene miedo a nada, seguía caminando a buen ritmo, dejando atrás a su chuxo ladrador.




Más nos acercábamos, más el terreno se volvía abrupto, lo que no era mucho del agrado del chuxo que seguía atrás con la colita metida entre las patas.




Una vez allí, las impresionantes vistas nublaron la mente del buen animal que se quedó totalmente paralizado mientras su amada dulcinea de los bosques contemplaba esta vertiginosa catedral natural sin miedo alguno.  




Volver hacia atrás fue la mejor noticia del día para el chuxín, ¡sí señor!




En el camino de vuelta, muchas flores y bellos arbustos adornaban con sutiles toques de color el sendero que discurría entre campos de almendros.







Caminamos hasta encontrarnos justo al otro lado de los Arcos, disfrutando desde lejos de las impresionantes rocas esculpidas por el Tiempo.









Casi de vuelta al coche, el señor chuxo se adueñó de un terreno, proclamando suya aquella bella casa de campo con pozo incluido.



Por la noche, en medio de la penumbra, los gatos de Castell de Castells se deleitaban a la fresca de un largo día gatuno. El chuxo, exhausto, ni les ladró para saludarlos como es su costumbre.



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