Es cierto que el mundo visto en muy pequeño tiene un atractivo especial e inconfundible. Es como entrar en un microcosmos parado en el tiempo y donde la vida se ha fijado para siempre, dejando un atisbo de movimiento ya que es el espectador el que tiene que moverse para contemplar estos retratos en tres dimensiones.
Cuando entré en este pequeño museo, me impactó la visión del artista así como su virtuosidad. Cada cuadro siendo el fruto de mucha sabiduría, precio de una labor imparable.
Hay tantos detalles en cada obra que es imposible divisarlos todos a primera vista… y aquí está el secreto del museo: son tantas las anécdotas de cada escena, fragmentos esparcidos de vidas no vividas, que el espectador sólo puede sentirse atraído por los detalles, detalles que, por supuesto, nunca podrá descubrir en su totalidad.
Me he quedado con el recuerdo de una maravillosa visita repleta de silencio, testigo de la magia del lugar, con mi niña flor a mi lado tirándome de la manga a cada uno de sus maravillosos descubrimientos.

























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