viernes, 22 de noviembre de 2019

Viaje en blanco y negro, Saint-Jean-de-Luz, septiembre de 2019.

Esta primera foto de la Guinguette de Erromardie fue tomada cuando los vecinos de la comarca escaseaban. A notar que había muy pocos turistas disfrutando de los mojitos y de la bella playa salvaje que un día se transformaría en una zona de turismo campestre.


El Sentier du litoral, nuestro sendero predilecto, un paseo de Erromardie hasta Socoa, pasando por la gran playa y el centro de Saint-Jean-de-Luz, instantaneas de inolvidables idas y vueltas entre nuestra mobile home y el centro de la ciudad.








El Gran hotel de la poste, justo enfrente de la casa de Phil donde solemos cenar juntos en familia.


Socoa y su fuerte, el dique donde el señor Chuxo casi perdió el equilibrio y el cabezal durante una excursión con temporal unos años atrás.





Por fin, el Col de Ibardin, donde nos perdimos durante nuestra primera y inolvidable excursión, apertura de dos semanas de maravillosas vacaciones.



jueves, 21 de noviembre de 2019

Día de playa y cena de despedida en el bistro du Mata, Erromardie, septiembre de 2019.

Nuestro último día fue muy soleado y decidimos quedarnos todo el día en la playa de Erromardie, justo enfrente del camping de la Ferme y de nuestro querida mobile home.

El señor Chuxo, animal nadador como no los hay, estrenó sus gafas y su tubo de submarinista y dio la gran vuelta a las calas naturales que se forman durante la marea baja.



En cuanto a mi bella, disfrutó del sol, de la brisa y de un buen libro hasta llegar al atardecer.





Desde luego, disfrutamos de la puesta del sol tomando una cervecita en el Bistro du Mata, donde la Chouffe nos deleitó como ella sola lo sabe hacer.







Después, cena a la fresca con música y buen rollo incluido.





Cabe añadir que el señor Chuxo se quedó un poco colgado después de su cuarto mojito.



Visita de la última suerte: Al día siguiente, justo antes de despedirnos de las tierras vascas, vinieron a visitarnos los jabatos, amigos de buen paladar e ideas sueltas.


martes, 19 de noviembre de 2019

El sendero mágico de Sare hasta Zugarramurdi, septiembre de 2019.

Entre todas las rutas que había por esta zona, esta es la que eligió mi niña caminadora para estrenar su patita recién curada.

Y la verdad es que fue una muy buena elección. Nos asombró las numerosas sorpresas que nos reservó este bellísimo sendero muy poco transitado.

La primera parte del recorrido empieza en las mismísima Grotes de Sare y está pavimentada durante una buena parte del trayecto. No sé si se trata de una antigua calzada romana, pero nos gustó imaginárnoslo.










Rápidamente, el sendero se hunde en una jungla de un verde profundo que nos ofreció todo el frescor que un frondoso bosque puede proporcionar.





Llegamos a un sitio realmente especial, un restaurante escondido en una profunda gruta, con unos asados haciéndose poco a poco en hogueras tradicionales. De hecho, el olor de dichas carnes a la brasa aún me persigue en mis más profundos sueños.




Después, el bosque se vuelve realmente fantástico, creando una verdadera catedral vegetal, con mi niña mariposa como reina de estos dulces parajes.






Al llegar cerca de la frontera hay que subir un poco más hasta llegar al otro lado donde casi se baja sin parar hasta el final del recorrido.











Al llegar cerca de Zugarramurdi, reconocimos los parajes por haber estado cerca cuando visitamos las famosas grutas hace unos cuantos años.





El pueblo de Zugarramurdi es realmente muy bonito. Es la típica aldea vasca donde nos gustaría quedarnos para siempre. Descansamos en una pequeña terraza donde nos tomamos una birra acompañada por unas tapas caseras. Menos mal que tenía algo de dinero suelto en el fondo de mi mochila ya que el datáfono del bar no funcionaba y el cajero más cercano estaba a más de 10 kilómetros de distancia.











La vuelta fue mucho más rápida, como cada vuelta. Descubrimos un pequeño atajo que nos llevó a la zona mágica de los árboles “Comebestias”. No nos hicieron nada ya que, por lo que vimos más adelante, habían comido hacía un rato.











Otra sorpresa. Llegamos a la zona de las piedras parlantes, pero la verdad es que ninguna quizo charlar con nosotros. Será para una próxima vez, supongo.



Mi niña, como es de costumbre, encontró a los encantadores invisibles que nos acompañaron durante todo nuestro largo periplo.





Aprovechamos de estar de nuevo en la Grotes de Sare para visitar el parque temático que nos habíamos perdido unos días antes por llegar muy tarde. De hecho, jugamos un buen rato para realizar unas fotos de lo más divertidas.







Nos gusto tanto esta caminata que no descartamos volver por allí  a ver si conseguimos algún asado.



De vuelta a La Ferme d’Erromardie, nos regalamos una buena sesión de piscina para acabar la tarde buceando.






Por la noche, disfrutamos de nuevo con una impresionante puesta de sol desde nuestro Bistro favorito, con música y buena compañía canina.