Entre todas las rutas que había por esta zona, esta es la que eligió mi niña caminadora para estrenar su patita recién curada.
Y la verdad es que fue una muy buena elección. Nos asombró las numerosas sorpresas que nos reservó este bellísimo sendero muy poco transitado.
La primera parte del recorrido empieza en las mismísima Grotes de Sare y está pavimentada durante una buena parte del trayecto. No sé si se trata de una antigua calzada romana, pero nos gustó imaginárnoslo.
Rápidamente, el sendero se hunde en una jungla de un verde profundo que nos ofreció todo el frescor que un frondoso bosque puede proporcionar.
Llegamos a un sitio realmente especial, un restaurante escondido en una profunda gruta, con unos asados haciéndose poco a poco en hogueras tradicionales. De hecho, el olor de dichas carnes a la brasa aún me persigue en mis más profundos sueños.
Después, el bosque se vuelve realmente fantástico, creando una verdadera catedral vegetal, con mi niña mariposa como reina de estos dulces parajes.
Al llegar cerca de la frontera hay que subir un poco más hasta llegar al otro lado donde casi se baja sin parar hasta el final del recorrido.
Al llegar cerca de Zugarramurdi, reconocimos los parajes por haber estado cerca cuando visitamos las famosas grutas hace unos cuantos años.
El pueblo de Zugarramurdi es realmente muy bonito. Es la típica aldea vasca donde nos gustaría quedarnos para siempre. Descansamos en una pequeña terraza donde nos tomamos una birra acompañada por unas tapas caseras. Menos mal que tenía algo de dinero suelto en el fondo de mi mochila ya que el datáfono del bar no funcionaba y el cajero más cercano estaba a más de 10 kilómetros de distancia.
La vuelta fue mucho más rápida, como cada vuelta. Descubrimos un pequeño atajo que nos llevó a la zona mágica de los árboles “Comebestias”. No nos hicieron nada ya que, por lo que vimos más adelante, habían comido hacía un rato.
Otra sorpresa. Llegamos a la zona de las piedras parlantes, pero la verdad es que ninguna quizo charlar con nosotros. Será para una próxima vez, supongo.
Mi niña, como es de costumbre, encontró a los encantadores invisibles que nos acompañaron durante todo nuestro largo periplo.
Aprovechamos de estar de nuevo en la Grotes de Sare para visitar el parque temático que nos habíamos perdido unos días antes por llegar muy tarde. De hecho, jugamos un buen rato para realizar unas fotos de lo más divertidas.
Nos gusto tanto esta caminata que no descartamos volver por allí a ver si conseguimos algún asado.
De vuelta a La Ferme d’Erromardie, nos regalamos una buena sesión de piscina para acabar la tarde buceando.
Por la noche, disfrutamos de nuevo con una impresionante puesta de sol desde nuestro Bistro favorito, con música y buena compañía canina.





































































No hay comentarios:
Publicar un comentario