Ibamos de camino hacia Zumaia, pero como mi niña flor quería ver San Sebastián, dimos una vuelta por la capital de los pinchos para averiguar si tal fama era realmente merecida.
Empezamos por dar una vuelta por la playa y el puerto antes de subir al monte Urgull, pasando por las baterías de Santiago, un viejo conocido mío.
Obviamente, probamos unos pinchos. No estaban mal, lo admito. Pero me encantó muchísimo más la botella de licor de mandrágora que nos llevamos, ilusionados por encontrar tal tesoro en una vieja bodega del barrio bajo.
Al volver al coche, pasamos por la plaza de la Constitución que admiramos en su versión moderna además de otra mucho más antigua.
Era tarde, muy tarde para comer en Zumaia, así que nos paramos en Guetaria, en un restaurante situado en el puerto donde nos sirvieron justo antes del toque de queda. La verdad es que comimos muy bien. Todo de alta mar, incluso el revuelto.
Mi niña, como siempre, se hizo amiga de un chuxín parlanchín, un verdadero maestro del chantaje emocional.
Por fin llegamos a Zumaia, un bellísimo pueblo de la costa, donde mi niña mariposa se mimetizó enseguida con el entorno.
Buscamos cañones para el chuxo que, como bien se sabe, tiene una verdadera fijación por aquellos artilugios de otro tiempo.
Después nos fuimos hasta la famosa playa de Itzurun, con sus excepcionales afloramientos rocosos que transforman el paisaje en un espectáculo majestuoso.
Nos metimos en todos los agujeros posibles, tanto que casi mi sirenita de palmas agitadas se quedó prisionera de las milenarias rocas. Menos mal que estaba su fiero chuxín para rescatarla.
Como agradecimiento por el salvamiento, un beso y unas bellas fotos como recuerdo.
Subimos hasta la ermita donde nos esperaban sus tres fieros guardianes, indomables vigilantes del infinito.
Mi niña exploradora siguió el camino hasta la última punta rocosa, un sendero demasiado espinoso para el chuxín que se quedó admirando el paisaje, las nubes y las vacas. En cuanto a mi niña, intrépida guerrera de mi corazón, casi llegó hasta el final del mundo.























































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