lunes, 28 de enero de 2019

Calçotada en Náquera, enero de 2019.

La verdad es que fue flipante volver a vernos todos en medio de la nada para comer una calçotada neohippie, a la intemperie y con las nubes a punto de dejarnos empapados de buenos recuerdos.

Pero los Dioses de la Huerta nos protegieron y el gran jefe indio encendió la hoguera de la felicidad.




Vinieron muchos y todos comieron calçots, longanizas y chorizos como si no hubiera un mañana.




Acabamos con calor en el cuerpo gracias a los famosos carajillos que Monsieur Pierre  había preparado utilizando con sabiduría la receta de su tatarabuela.


Mientras Carmen y Ros hablaban animadamente, otros descansaban la mona en los sofas a disposición del público.




Para acabar: foto de familia y ovación general al gran cerdo híbrido.




martes, 15 de enero de 2019

La Ruta de los Chorradores y de los jabalíes salvajes, Quesa, diciembre de 2018.

Llegamos pronto a Quesa para emprender una ruta que había preparado mi niña mariposa. Un nuevo miembro se juntó a nuestra cofradía de los felices caminantes: Bernat, que vino sin su caballo pero con ganas de aventuras.

Primera parada, el bar del pueblo, donde tomamos un carajillo que preparó mi niña volcánica sustituyendo a la camarera que no se creía lo que veía.

Después… ¡A caminar como valientes!






Como siempre en diciembre, el frescor era punzante, añadiendo al paisaje ese silencio tan peculiar, sello inconfundible del invierno.





Nos adentramos muy profundo en el bosque, subiendo sin miedo siguiendo la pista de los jabalíes, verdaderos amos de estos parajes.









Subimos hasta llegar a lo más alto, cruzando el bosque que, por desgracia, estaba plagado de cazadores y de jabalíes, los unos buscando a los otros, y los otros esquivando a los primeros, salvo a las dos Carmen que si hicieron amigas de un animalet más simpático que los otros. En cuanto a Gracia, se pasó toda la caminata canturreando cánticos sin parar.




Llegamos a los Chorradores más frescos que la brisa de invierno. Descansamos a la sombra de la gran cascada, lugar idílico de los enamorados y de las bestias del bosque.














Fuimos a comer a Montesa, en el Ramallar y su fantástica panorámica, donde nos sirvieron sushi de morcilla y carne a la brasa. Brindamos por la amistad, por los jabalíes y por los hermanos Peugeot, los famosos inventores del molinillo de café.