La verdad es que fue flipante volver a vernos todos en medio de la nada para comer una calçotada neohippie, a la intemperie y con las nubes a punto de dejarnos empapados de buenos recuerdos.
Pero los Dioses de la Huerta nos protegieron y el gran jefe indio encendió la hoguera de la felicidad.
Vinieron muchos y todos comieron calçots, longanizas y chorizos como si no hubiera un mañana.
Acabamos con calor en el cuerpo gracias a los famosos carajillos que Monsieur Pierre había preparado utilizando con sabiduría la receta de su tatarabuela.
Mientras Carmen y Ros hablaban animadamente, otros descansaban la mona en los sofas a disposición del público.
Para acabar: foto de familia y ovación general al gran cerdo híbrido.


















































