martes, 15 de enero de 2019

La Ruta de los Chorradores y de los jabalíes salvajes, Quesa, diciembre de 2018.

Llegamos pronto a Quesa para emprender una ruta que había preparado mi niña mariposa. Un nuevo miembro se juntó a nuestra cofradía de los felices caminantes: Bernat, que vino sin su caballo pero con ganas de aventuras.

Primera parada, el bar del pueblo, donde tomamos un carajillo que preparó mi niña volcánica sustituyendo a la camarera que no se creía lo que veía.

Después… ¡A caminar como valientes!






Como siempre en diciembre, el frescor era punzante, añadiendo al paisaje ese silencio tan peculiar, sello inconfundible del invierno.





Nos adentramos muy profundo en el bosque, subiendo sin miedo siguiendo la pista de los jabalíes, verdaderos amos de estos parajes.









Subimos hasta llegar a lo más alto, cruzando el bosque que, por desgracia, estaba plagado de cazadores y de jabalíes, los unos buscando a los otros, y los otros esquivando a los primeros, salvo a las dos Carmen que si hicieron amigas de un animalet más simpático que los otros. En cuanto a Gracia, se pasó toda la caminata canturreando cánticos sin parar.




Llegamos a los Chorradores más frescos que la brisa de invierno. Descansamos a la sombra de la gran cascada, lugar idílico de los enamorados y de las bestias del bosque.














Fuimos a comer a Montesa, en el Ramallar y su fantástica panorámica, donde nos sirvieron sushi de morcilla y carne a la brasa. Brindamos por la amistad, por los jabalíes y por los hermanos Peugeot, los famosos inventores del molinillo de café.








No hay comentarios:

Publicar un comentario