De camino de Castell de Castells hasta Guadalest, nos paramos en una área donde las vistas eran simplemente impresionantes. El juego de luces y sombras despertaban el relieve de las montañas, creando así un aura mágico inaudito.
Frente a tan bellas pinturas vivientes, nos quedamos contemplativos un buen rato, empapándonos de los encantos del lugar. El chuxo se desdobló de nuevo, fotografiándose a sí mismo con la esperanza de poder conversar con su espejismo.
Al llegar a Guadalest, el pueblo ya estaba muy concurrido. Nos reunimos con Jakipi y juntos fuimos de exploración por la antigua fortaleza del pueblo alto.
La verdad es que nos reímos mucho paseando juntos. Además, allí arriba, las vistas son impresionantes y bastante espectaculares.
Hubo nuevos desdoblamientos y aún más fotos.
Como siempre, mi niña fotógrafa inmortalizaba cada paso, cada rincón además de iluminar mi corazón “Click clack Kodak”.
El chuxo quiso quedarse hasta la noche para ver el reflejo de la luna en el lago.
No vino la dama de la noche pero le dio más besos a su sirenita encantada. Al buen animal le creció una palmera, sí, una palmera y se volvió aún más rabioso que nunca.
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