miércoles, 3 de enero de 2024

Los megalitos de Elduain, Navarra, septiembre de 2023.

La ruta empieza en el mismísimo pueblo de Elduain, medio dormido a estas tempranas horas de la mañana. Al salir de la aldea, empezamos a subir por un sendero que rápidamente nos llevó a una altura suficiente para poder disfrutar de una panorámica del valle y de todas las montañas circundantes.


El principio de la ruta se hace en la sombría, así que íbamos bien abrigados, quitándonos algo de ropa progresivamente hasta llegar a mucha más alturas ya que la subida no parecía tener fin.








Como siempre, mi niña de los montes habría el camino, dirigiendo nuestros pasos con templanza y firmeza, saludando a unos Guardianes ancestrales y espantando a todas las alimañas del camino. La ven venir de lejos y ni siquiera se atreven a mirarla a los ojos, huyen espantados por si las moscas. Es que con mi niña flor, suelo caminar con toda seguridad.









Llegados a una cierta altura, el bosque se vuelve más majestuoso. Eso sí, se sigue subiendo sin tregua alguna. Pero los chuxines lo pueden todo y trepan como cabras montesas de las buenas.




Nos tomamos un pequeño descanso al llegar a un pequeño refugio perdido en medio del gran bosque y seguimos caminando a buen ritmo hasta llegar a una escultura silvestre escondida en medio de la maleza. Aprovechamos de la oportunidad para hacer unas fotos y seguir con nuestra peregrinación.









Enseguida llegamos a un inmenso bosque de impresionantes pinos, amos de las alturas. Es uno de los tramos más espectacular de todo el camino, además ya no se sube mucho más… Algo es algo.










Cabe decir que disfrutamos de un majestuoso baile vegetal hasta llegar a un inmenso claro, refugio de los megalitos recubiertos de un verde musgo milenario.











Es solo después que el sendero empieza realmente a bajar paulatinamente, un suave descenso que nos llevó hasta un nuevo refugio muy bonito, con una preciosa zona de descanso para los senderistas exhaustos.













Después es todo bajada hasta llegar a la periferia de Elduain y de su maravilloso lavadero de agua multicolor. Enseguida nos hicimos amigos de un compañero de cuatro patas que nos dio la bienvenida con una sonrisa encantadora. Pero era hora de volver a nuestro Nido de verano, así que nos despedimos con la promesa de volver algún día para otra aventura por aquellas maravillosas tierras salvajes.








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