Este día mi niña caminadora estaba lisiada. Pobreta, imposible dar un paso adelante. Menos mal que la jornada había sido soleada y que pudimos disfrutar de un poco de playa. Como no nos quedaban muchos días de vacaciones, decidí emprender de nuevo una ruta que hemos realizado juntos una infinidad de veces, la que va de Erromardie hasta Saint-Jean-de-Luz, pasando por un pequeño tramo del Sentier du Litoral y con una parada obligatoria en la cruz de Archilua y su famoso mirador hacia el infinito.
Al llegar a la colina de Sainte-Barbe, me quedé observando el pueblo de mi infancia. Decididamente, nada parece cambiar en Saint-Jean-de-Luz aunque el tiempo no pasa en balde, evidentemente. Como siempre, me paré en el pequeño faro situado en lo alto de la colina que da hacia los tres diques, Socoa, L’Arta, y Sainte-Barbe, que protegen la ciudad del rigor del océano.
Después, seguí caminando tranquilamente por el paseo marítimo pasando delante del Hotel du Golf, del Gran Hotel, del Casino de la Pérgola hasta llegar hasta la desembocadura de la Nivelle, el rio que separa Saint-Jean-de-Luz de Ciboure, custodiado por el gran faro blanco que señala la entrada del puerto pesquero.
Después, marcha atrás a buen ritmo hasta la gran playa de Erromardie, volviendo a nuestro Nido de verano donde me esperaba con amor y cariño la niña de mis sueños.




































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