martes, 1 de abril de 2025

La vuelta de los chuxines, Forna y sus bosques silenciosos, Alicante, marzo de 2025.

Por una vez no llegamos pronto al pequeño pueblo de Forna porque el GPS nos la jugó y acabamos con el coche perdido en medio del monte. Menos mal que  mi Chuxina es una niña resolutiva y que conseguimos llegar a buen puerto con los huevos puesto.


En cuanto al pueblo, además de chiquitín es precioso y encantador. Aparte de los ciclistas que habían salido en manada, conocimos a un abuelito muy majo que además vendía miel casera que fuimos a comprar al final de nuestra aventura silvestre.





No subimos hasta el castillo porque lo estaban reformando, pero seguimos por pistas forestales que en un principio nos llevaron en medio de los grandes campos de naranjos  en flor para después emprender una muy, muy larga subida que acabó con las fuerzas de mi niña trepadora. 








A mi niña no le cuesta trepar, pero subir a pleno sol durante horas no es lo suyo. No obstante, las vistas hasta el litoral y los lejanos montes valió con creces este largo esfuerzo.










Aunque la pista estaba sembrada por una multitud de flores de muchas tonalidades, había que subir y subir sin descanso.






Lo bueno de subir es que al final tienes que bajar, y bajar por unos senderos encantados es el premio del caminante asiduo.





A mi Chuxinita le gusta bajar, pero tampoco demasiado… pero cuando es en medio del frescor de inmensos bosques silenciosos todo parece mucho más liviano.









En fin, después de más de tres horas de subidas y bajadas volvimos al pueblo para instalarnos en el Xiringuito de Forna donde comimos carne a la brasa de lujo total, con embutidos caseros de los buenos muy buenos. El señor Chuxo se lo pasó bomba, evidentemente… Para acabar a lo grande, volvimos al pueblo para comprar varios botes de miel de azahar al abuelo que estaba dormitando delante de la TV. Hablamos un buen rato con él porque era una persona muy agradable, además olía como un mago de los montes, una mezcla de flor salvaje y esencias perfumadas de las alturas.


No hay duda que volveremos por estos bellos montes que nos dejaron encantados. ¡Viva los chuxines y el Herbero que da alegría!

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