lunes, 14 de abril de 2025

Castillo de Enguera, Poblado Ibérico Lucena y récord chuxinezco del bueno, Valencia, abril de 2025.

Aparcamos a las afueras de Enguera, cerca de los campos de olivos que rodean gran parte del pueblo y donde pudimos disfrutar de una bonita vista del campanario de la iglesia, fiero faro vigilante de la buena conducta de las nubes y de los fieles.


El tiempo era clemente y rápidamente empezamos a subir por un precioso sendero que cruzaba un espléndido bosque de pinos.







No nos dimos cuenta enseguida, pero esta ruta iba a ser una de las más florida que hemos hecho por estas tierras. Subimos hasta las ruinas del viejo castillo de Enguera que nos iba a ofrecer las primeras panorámicas de esta larga y dura caminata.







A mi niña le gustó tanto la visita del castillo que no pudo resistir saltar de alegría como es su costumbre cuando las mariposas revolotean a su lado.






En cuanto a las vistas, abarcan toda la región y todos los pueblos vestidos de blanco en medio de los inmensos campos de naranjos y olivos que se pierden hasta las lejanas cumbres.









Bajamos de nuevo y cogimos un precioso sendero que nos llevó hasta la Casita del zorro avisor cuyas ventanas se abren sobre el paraíso.









Seguimos a buen ritmo por un sendero que atravesaba bosques de matorrales muy floridos que, poco a poco, nos llevó hasta el pueblo Ibérico Lucena que cruzamos sorprendidos por encontrar ruinas tan antiguas a pie de montaña.









Después seguimos caminando con mi bella niña flor despertando a todas sus compañeras del camino. El sendero se transformó en una suave explosión de colores que nos inundó de felicidad.














Pero no habíamos acabado con las sorpresas. El próximo bosque que atravesamos debía de estar encantado, hasta la luz parecía despertar a los antiguos entes de los bosques, silenciosos reflejos luminosos que transformaron el gran bosque en un palacio de belleza.






Pero la caminata estaba lejos de acabarse. Seguimos caminando por la misma ladera de la montaña sin descanso, atravesando nuevos bosques de pino muy frondosos hasta llegar a la parte más seca del recorrido.













La caminata nos llevó por un tímido sendero cruzando inmensos campos de matorrales secos que no nos facilitaron mucho la tarea, además el sol empezaba a pegar fuerte sin que pudiéramos refugiarnos de sus calurosos rayos.









Pero llegamos hasta la cumbre donde el señor Chuxo no pudo resistir escalar el punto geodésico para inmortalizar tantas horas caminando por los montes.



Menos mal que el resto de la caminata fue mucho más leve y a la sombra de un sol que al final había decidido esconderse tras las nubes que empezaron a cubrir gran parte del cielo.





A lo lejos volvimos a ver el viejo castillo de Enguera que parecía saludarnos desde las lejanías.




Volvimos exhaustos pero contentos hasta nuestro punto de partida, aplastando nuestro récord de desnivel acumulado: 1037 metros. ¡Viva los Chuxines, son unos campeones!




Después nos fuimos hasta Enguera buscando un restaurante para disfrutar del fin de la tarde a lo grande. Una señora acompañada por su perra Noa nos aconsejo el restaurante Los Arcos donde fuimos muy bien recibidos. Además la comida nos encantó con un trato a los clientes de cuatro estrellas.





Después del festín, nos perdimos por las callejuelas del pueblo descubriendo unos cuantos de sus tesoros. Nos hubiéramos quedado más tiempo pero estábamos realmente exhaustos y volvimos tranquilamente hasta nuestro Nido Alto como buenos Chuxines que somos.









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