Era nuestro último día, el avión se iba al principio de la tarde, pero teníamos el tiempo justo de dar un paseo por otro barrio de Sevilla que aún no habíamos visitado.
En cuanto al hotel, de nuevo una muy buena elección de mi bella niña.
Caminamos tranquilamente hasta la Iglesia de la Macarena donde vimos la Santa de las Santas, en su trono de oro y resplandeciente de mil fuegos.
Salimos deslumbrados, paseando al lado de lo que queda de la antigua muralla y llegando delante de unas de las numerosas iglesias sembradas por toda la ciudad, legado del buen Señor de las nubes.












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