martes, 13 de marzo de 2018

Sevilla la bella, el Barrio de Triana, noviembre de 2017.

Cruzamos de noche el Guadalquivir, contemplando la ciudad desde ambas orillas con mi bella niña flor más colorida que nunca.

A lo lejos, la Torre del Oro y la Giralda nos saludaban desde las lejanas alturas de sus campanarios.





Como la noche empezaba a refrescar, nos perdimos por el Barrio de Triana en busca de una tasca para tomar un poco de vino y algo de alegría.


Caímos por sorpresa delante de “La Taberna”, un bar de barrio donde cantaban Flamenco. Enseguida unos vecinos ligaron con mi bella, lo que calentó aún más la noche que acababa de empezar.



Nos tomamos unas copas de blanco, unos Rebujitos y probamos la famosa “Agua de la Taberna” conocida hasta los confines del mundo conocido.



Salimos como salimos, de vuelta dando vueltas, despidiéndonos de la Giralda que estaba más iluminada que un sabio entusiasmado.


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