Al salir del Real Alcazar, das directamente a las puertas de la Catedral, otro monumento de visita obligatoria si quieres que los ángeles te tengan a las buenas.
La entrada es magistral bajo la lluvia, y una vez dentro… se abre el cielo.
El órgano del Maestro celestial es abrumador, y aunque dudo mucho que vayan tocando Metallica, estoy seguro que el resultado debe de ser algo similar.
Después, valientes como cabras monteses, subimos a la Giralda hasta llegar al impresionante campanario que lo domina todo.
Desde arriba, las vistas son conmovedoras, dignas de abrirnos las puertas del cielo y del amor.
La catedral está constituida de varias capillas, cada una siendo una isla mágica en medio de un mar de tesoros.
El punto culminante de la visita es sin duda alguna la tumba de Cristobal Colon en su último paseo, escoltado hacia el paraíso por cuatro Reyes celestiales.
Al salir, no puedes hacer más que levantar la mirada hacia la Giralda, con su bella amazona de hierro desafiando los cielos.








































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