Deambulamos por la ciudad con la intención de perdernos de una vez por todas. Tomamos un Gyn Tonic en algún pub para turistas y nos adentramos aún más en el corazón de la ciudad hasta oír una suave melodía de guitarra.
El bar era chiquitín, no especialmente muy acogedor a primera vista, pero entramos para tomarnos algún que otro Rebujito con la idea de recobrar fuerzas y ánimo.
Salimos de este imprescindible antro 6 horas más tarde, bien frescos, con la sangre bailando Sevillanas al ritmo del Fali, nuestro anfitrión y maestro de ceremonia. Sin duda el mejor recuerdo de estas mini vacaciones invernales.



No hay comentarios:
Publicar un comentario