Hacía sol y por una vez no había nubes aunque hacía un frío de cojones de Miko (el de tres bolas), así que mi niña flor me dijo: ¿Y si vamos a Bidart a tomar un refresco?
¡Let’s go baby! Cogimos el coche y veinte minutos después estábamos aparcando en el parking situado frente a la gran playa. De camino hacía el pueblo, mi niña reparó en una entrada que bajaba hasta unos chiringuitos situados frente a una playa más apartada donde nos dejamos caer, con una picada en regla, pero de tipo marítimo. Allí nos quedamos un buen rato, disfrutando del horizonte y del amor compartido.
Eso sí, después fuimos hasta el Bar du fronton situado en la plaza del pueblo donde teníamos buenos recuerdos del año anterior. Otra picada picadita, blanco seco de reserva, una buena charla con brisa del atlántico con media luna incluida.








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