Llegamos con sol, eso sí que es verdad, pero por desgracia no duró mucho. Aún así, apenas llegados nos fuimos a comer al Bistro du Mata frente a la gran playa de Erromardie, la de nuestros veranos infinitos.
Apenas acostados en nuestro nido que empezó a llover. Durante los días siguientes, intentamos realizar nuestro peregrinaje anual hasta Socoa pero cada vez el temporal se volvió en nuestra contra y no hubo manera de llevar a cabo nuestra meta. Quedan unas cuanta fotos que dan fe de nuestros esfuerzos frente a las inclemencias meteorológicas.
Es cierto que hubo unos pocos días de sol, pero antes de ponernos las botas las nubes ya nos habían alcanzado. Unas cuantas horas más tarde estábamos de nuevo debajo de un diluvio que no parecía tener fin.

















No hay comentarios:
Publicar un comentario