Es cierto que este año, comparado con los anteriores, bien pocos han sido los atardeceres que hemos podido disfrutar aunque el sol se despida cada día. Entre los días de lluvia y los de frío polar, había que tener ganas para presentarse frente a la brisa del Atlántico.
Pero los Chuxines son animales de costumbres y ello no nos impidió brindar por la vuelta del sol, a veces con nubes dignas de los mejores frescos de la época romántica. En cuanto al océano, cambiaba de color casi a diario, poniéndose en acorde con las inclemencias del cielo. Un verdadero placer para los recuerdos.
El año que viene… pues más y mucho mejor ;-)













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