lunes, 7 de octubre de 2024

Primera ruta del verano, Bagordi, cascada de Oinaska y minas de Barita desde Elizondo, Navarra, septiembre de 2024.

Como de costumbre empezamos esta ruta muy temprano, y aunque el tiempo anunciaba lluvia decidimos arriesgarnos a pesar del pronostico meteorológico. La ruta empieza en el mismísimo Elizondo, capital del Valle del Baztan, unas tierras mágicas que empezamos a conocer muy bien.









Después de dejar el pueblo, nos adentramos rápidamente en un frondoso bosque que nos llevó directamente hasta la cascada de Oinaska, salvaje y escondida en el corazón de la gran arboleda.






A continuación, seguimos las marcas del Gran mono montaraz por un sendero especialmente dulce y bonito que nos llevo hasta las minas de Barita.






El señor Chuxo desapareció en las profundidades de la tierra y volvió con el respaldo de su espectro. Desde entonces, es mucho más inteligente y guapo… que se sepa.






Pero no nos entretuvimos mucho tiempo, la ruta era larga y faltaba aún un buen trecho de subida hasta la casa de los potoks, los típicos caballos vascos, un sendero que nos permitió ver Elizondo escondido en lo más profundo del gran valle.







Pero mi niña mariposa, flor de las praderas, seguía a buen ritmo un bello sendero bastante agreste. Vimos más entradas de minas y unas cuantas ovejas curiosas que nos guiaron hacia el camino correcto.






En un momento dado, tuvimos que cruzar un enorme bosque de helechos, lo que complicó un poco nuestro progreso, pero nada extremadamente engorroso para los Chuxines, animales correcaminos. Salíamos de un bosque para entrar en otro diferente, haciéndonos vibrar a cada paso.














Llegamos a una zona de descanso donde el camino daba la vuelta para seguir por una larga pista que bajaba paulatinamente por otros bosques y prados de un verde espectacular.





Más abajo, el profundo valle nos esperaba más verde que nunca, un verdadero espectáculo de sutileza, frescor y silencio.








El sendero nos llevo hasta una zona de árboles gigantes que nos saludaron con el silencio que les corresponde.





Seguimos caminando por un amplio camino que nos permitió disfrutar de las increíbles vistas del Valle del Baztan y de sus numerosos pueblos.






Fuimos a saludar uno de los más antiguos guardiánes del gran bosque, majestuoso y bondadoso a la vez y seguimos bajando tranquilamente hasta llegar de nuevo a Elizondo.






Una vez en el pueblo, nos quedamos a comer en la taberna Intza, donde nos habíamos quedado varias veces en otras ocasiones. Buscamos a Robin, pero aún estaba en el gran Bosque, haciendo de las suyas.








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