miércoles, 14 de junio de 2017

Último día en Roma, enero de 2017.

Como el sol parecía querer quedarse, decidimos apurar el día, el último de nuestra estancia ya que teníamos que coger el avión al final de la tarde.

Decidimos volver al barrio del Trastevere que nos había embrujado totalement, descubriendo nuevos rincones mágicos y callejuelas misteriosas, nuevas tabernas donde deleitarnos de las deliciosas cervezas romanas.







De nuevo al aire libre, mi niña de colores nunca fue tan saltarina, nada ni nadie parecía capaz detenerla.



Evidentemente, volvió a llover, pero poco y con encanto, una dulce despedida para incitarnos a volver y descubrir mucho más de lo que nos había permitido nuestro pequeño viaje.







Mientras que en las paredes se desgranaba el tiempo, conseguimos volver más allá en el pasado, un viaje efímero que, curiosamente nos llevó hasta el Carlo Menta, nuestro restaurante predilecto donde el chucho pidió doble ración de todo, incluído chupito de Grappa moreno, nectar de los néctares.











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