martes, 20 de junio de 2017

Font de la Coveta, Bocairent, febrero de 2017.

Sí, había nieve, y en medio de la nieve, corazones, lo que no dejo de entusiasmar a mi dulce mariposa de invierno cuyo gorro de colores daba un tono primaveral al camino.

También hacía frío, pero íbamos bien equipados. Nuestra meta era ir hasta la Font de la Coveta, pasando por la antigua fabrica de Blames, un paseíto para profesionales incombustibles como nosotros.















A la vuelta, no me acuerdo muy bien donde nos paramos para comer, lo que sí me acuerdo es que me sirvieron un plato de carne a la brasa de mil cojones. Pero como estaba a dieta, os juro que no comí pan, no, ni una migaja. Eso sí, nos bebimos un vinaco de los buenos muy buenos.




Agotados por tantas aventuras, nos refugiamos en Bocairent, visitando el pueblo que preparaba sus fiestas de Moros y Cristianos. No vimos ni un gato, así que propuse a mi niña tomar una buena cerveza con la esperanza ver a los ángeles bajar del cielo. No bajaron, pero no nos impidió pedir una cuantas birras más.













Nos prometimos volver la semana siguiente para hacer otras rutas y aprovecharnos de las fiestas del pueblo, pero no pudo ser, y cuando algo no puede ser, pues… no puede ser. 


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