jueves, 30 de octubre de 2025

Unos días con Fawzia, Erromardie y San sebastian, País Vasco, septiembre de 2025.

Tuvimos la suerte de recibir a Fawzia en el Bar du Mata, bajo la música de Matt Hood, nuestro trovador del litoral y encantador de sirenas. El sol se despedía entre destellos dorados y brisas saladas, mientras brindábamos por la amistad y por ese frescor marítimo que siempre llega cuando el astro se oculta tras el horizonte.







Al día siguiente emprendimos rumbo a San Sebastián, envuelta en la alegría de los últimos días de regatas. La ciudad, desbordante de juventud y fiesta, nos recibió con los brazos abiertos y el rumor del mar acompañando cada paso.






Destino del día: La Perla, el legendario balneario de agua salada donde los cuerpos descansan y las risas flotan entre burbujas. Salimos de allí renovados, ligeros, más frescos que unos calamares recién pintados de colores.

Después nos perdimos entre las calles repletas de vida, hasta llegar al Juanito Kojua, templo del buen comer, donde el arte y el apetito se dieron la mano. Allí supimos rendir culto al placer con la calma y el gozo de quien sabe saborear el instante.





Más tarde, seguimos de taberna en taberna, entre pintxos que parecían pequeñas obras de arte, refrescando las ideas con tragos de chacolí y carcajadas. Fue una jornada redonda, de esas en las que la amistad brilla más que el sol y la alegría se contagia como espuma en la orilla.






¡



Terminamos de nuevo en el Mata, bajo los últimos rayos de un sol que ya parecía amigo. El horizonte ardía en tonos cobrizos y el día se rendía manso ante la noche. Así cerramos nuestra jornada luminosa: con el corazón pleno, el alma salada y la certeza de que hay momentos que no se cuentan… se respiran.




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