miércoles, 22 de noviembre de 2017

Un soleado paseo por Tazones, Asturias, septiembre de 2017.

Disgustados por nuestra mala suerte del día anterior, decidimos volver a la costa ya que nos llovía a trompicones.

Decidimos irnos hasta Tazones, un pequeño pueblo pesquero que nos recibió con sol y esperanza.

Cabe decir que el pueblo es muy humilde, pero muy bonito. La parte alta, la menos turística, es muy florida y verdaderamente encantadora.




Obviamente, la parte del puerto es donde el pueblo se luce verdaderamente, atrayendo turistas y gaviotas a la vez.








Mi niña, en esta época aún metálica, se enamoró de la casa del señor Cangrejo, un viejo ermitaño taciturno. No paró de hacer fotos hasta no saber que más fotografiar.













Subimos para bajar de nuevo y tomar una cerveza en la calle mayor, bañados de sol y efluvios marinos.







Mi niña, escondida tras la esquina de una casa portuaria, consiguió ver al famoso don Gato, descansando de un día de trabajo que aún no había empezado.



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