viernes, 17 de noviembre de 2017

La famosa ruta de Beyu Pen, uno de los senderos más bello del mundo, Asturias, septiembre de 2017.

Para decir la verdad, no sabíamos lo que nos esperaba. Se suele empezar la ruta en Santillan, un pequeño pueblo asturiano de lo más tranquilo. Acto seguido, se cruza un puente colgante de metal y seguimos por la típica pista forestal de baja montaña, bordeando un frondoso y profundo bosque.






Pero rápidamente, los árboles cogieron el protagonismo de nuestra aventura, abriéndonos los ojos sobre la parte mas fantástica de la mitología Asturiana.




Después seguimos un sinuoso sendero que discurre a lo largo de un bellísimo riachuelo. Es a partir de este momento que empezó la “fiesta”.




Primero, una apoteosis sonora y un diluvio de tonalidades verdes nos embrujó a cada paso. Después, los Amos del bosque nos ofrecieron sus cantos silenciosos, un espectáculo natural digno del más bello sueño de colores.




Mitológicos gigantes, huellas mágicas, huecos de los tesoros, creadores del infinito, todos nos dieron cita en los meandros de un sendero cada vez más resplandeciente de emociones puras.











Saludamos a las aguas claras, abrazamos el misterioso guardián del bosque y seguimos un largo camino bajo la mirada penetrante de las piedras.












En cuanto al riachuelo, su música latía al ritmo de nuestras emociones.













Pasamos por debajo de una catedral vegetal para después seguir por la falda de la montaña, subiendo poco a poco hasta el pequeño pueblo de Pen.


















Allí, hablamos con unos cuantos autóctonos, ancestros antidiluvianos muy acogedores y encantadores. Una abuela nos dijo que su perro no había vuelto y un viejo carpintero se lamentaba de nunca haber conseguido ver la virgen del camino.







Como la ruta no es circular, volvimos por donde habíamos venido, pero el sendero se transformó dejándonos de nuevo totalmente sorprendidos a la vez que subyugados.







Mi bella mariposa de azul caminaba en silencio, empapándose de los encantos y de los musgos mágicos.





Ellos eran babosas y troncos, troncos y hojas, hojas y piedras, bellos principes para siempre. 









Volvimos hasta el río que, curiosamente, no se había desviado de su curso.


En cuanto a las flores, bebían el aroma de la vida.


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