Después del Masmut, nos paramos a Cretas para visitar este pequeño pueblo que nos había llamado la atención, pero también para comer algo después de tantas horas caminando.
El casco antiguo es muy chiquitín, con una elevada iglesia y una impresionante plaza del pueblo coronada por una insólita columna central.
Encontramos en una sombría callejuela muy fresca, un garito agradable y tranquilo, donde nos sirvieron unas tapas variadas, acompañadas por buenísimas cervezas bien frescas.
Después de habernos sustentado, acabamos la visita paseando por unas calles estrechas, descubriendo la antigua puerta del pueblo, para después subir hasta casi la altura del campanario de la iglesia, punto final de nuestro recorrido luminoso.



















No hay comentarios:
Publicar un comentario