La aventura empezó en la Hospedería Virgen de la fuente, donde esperábamos a que abriera la Oficina de turismo. Mi bella niña flor hizo unas cuantas fotos del lugar mientras el Chuxo daba unas cuantas vueltas por la plaza fuerte, husmeando como un animal merodeador.
Después, a caminar por la pista forestal que nos llevó hasta las lejanas rocas rojizas, templo del famoso Masmut, mítico animal monolítico. Y lo vimos en todo su esplendor, esperándonos para desearnos suerte en nuestro periplo.
Una vez pasado el Masmut, nos escapamos por un sendero descendiente que rodea las inmensas rocas, bajando sin piedad, cruzando bosques de pinos resecos para volver a subir acompañados por el dulce revoloteo de las mariposas.
Las vistas son mágicas y el aire puro repleto de buenas vibraciones. En cuanto al silencio, estaba apenas interrumpido por el lejano eco del graznido de las aves rapaces.
Almorzamos antes de cruzar un río seco que seguimos hasta encontrar de nuevo la pista forestal.
Al final, el agua nació bajo las rocas, el frescor acompañando nuestros pasos durante un breve momento.
El chuxo abría camino, moviendo rocas y montañas para dejar paso a su niña mariposa que acabó por descansar bajo la sombra de un almendro silvestre, maestro encantador de este valle perdido.

























































No hay comentarios:
Publicar un comentario