Llegamos a Llanes perseguidos por las lluvias que, hasta ahora, no habían conseguido alcanzarnos. Como el Chuxo conductor es un principiante del volante, se perdió en la entrada del pueblo y encontró un parking situado justo enfrente de esta maravillosa playa mágica.
Imponentes esculturas vivientes con olor a cangrejo peregrino, el paseo ente estos monumentos naturales esculpidos por las mareas nos sorprendió hasta la epidermis.
Naufragando en silencio, nuestro paseo fue largo y tranquilo, disfrutando juntos de un tesoro que ahora es nuestro para siempre.
Seguimos el paseo marítimo que cruza el puerto de este pequeño pueblo pesquero, buscando al Rey Marisco entre las calles menos concurridas, lejos del centro turístico, plaza fuerte de toda una armada de restaurantes y tiendas de recuerdos, donde la brisa discurre entre el olor a salmón marinado y la sopa de pescado.
Nuestros pies encontraron el Amor que, desde el principio de los tiempos, es nuestro. Después, volvimos tranquilamente hasta la playa de los milagros que habían desaparecido tras los asaltos de la marea alta.














































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