martes, 12 de diciembre de 2017

La cueva perdida, Asturias, septiembre de 2017.

El día siguiente fue de nuevo muy nublado y decidimos volver a la costa en busca de un poco más de sol. Mi niña aprovechó el momento para hacer fotos de las nubes hundidas entres los montes desde el coche, una proeza digna de una mariposa.





Por el camino nos topamos con un punto de vista muy peculiar, con una isla en forma de puente que parecía surgir del mar sólo para nosotros.





Más adelante, y por pura casualidad, vimos un cartel que anunciaba una cueva digna de visitar. Seguimos un largo camino que nos llevó hasta una ermita medio abandonada y un bosque encantado por brujas invisibles.






En cuanto a la cueva, había que bajar por un largo y resbaladizo camino que nos llevó hasta las brumosas orillas donde estaba escondida. Por desgracia, dicha cueva estaba cerrada a las visitas, pero pudimos deleitarnos de la belleza de los acantilados Asturianos mientras el sordo eco de las olas contra las rocas se moría en un profundo rumor constante. 












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