Hacía buen tiempo y estábamos con ganas de caminata, así que nos fuimos hasta Gilet para emprender una larga ruta que empezaba en el Convento de Santo Espíritu, que es donde dejamos el coche para adentrarnos hacia las alturas.
La ruta se llama Los 5 picos de Gilet pero hacía tanto calor que sobre los cinco picos, hicimos los dos primeros y, como somos buenos amigos de nuestros amigos, dejamos el resto al bueno del Santo Espíritu.
Siempre con mi niña trepadora al frente, seguimos pistas y senderos por una zona boscosa muy seca y árida, eso sí, con unas panorámicas realmente preciosas ya que no hacía falta subir mucho para ver más allá del horizonte.
Primero subimos hasta el Pico del águila que nos dejo disfrutar de un momento de silencio acogedor ya que de las águilas, no vimos ni las plumas.
Después, seguimos a buen paso hasta llegar sin problema hasta La Furiona, segundo pico donde nos comimos los ya famosos bocadillos de tortilla de mi princesa cocinera.
El problema de esta ruta son las bajadas, muy empinadas, resbaladizas y bastantes peligrosas. Si hubiésemos hecho esta ruta en sentido contrario, nos hubiéramos ahorrado estos malos tramos.
Pasamos cerca del Pico El Xocainet sin desviarnos del camino y seguimos hasta el próximo pico que era el de la Redona, que vimos de lejos sin molestarnos en trepar a pleno sol como lagartijas.
Después de una larga bajada, volvimos a pasar por debajo del Pico del águila y comprobamos lo mucho que habíamos pateado durante gran parte de la mañana.
En cuanto al Pico Rodeno de la Creu, lo vimos de bien lejos. No obstante bajamos por el barranco del Xocainet hasta llegar al famoso Dragón de la Calderona. Pero estaba de vacaciones y sólo conseguimos ver un ojo y parte de la cola.
Después, bajada hasta el parking del Convento, cervecita en Gilet y vuelta al Nido Alto, hogar dulce hogar de los chuxines.

























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