Empezamos la ruta al salir del pequeño pueblo de Beniatjar, emprendiendo una larga ruta por la sombría, con mi niña trepadora abriendo el camino con paso firme y mirada clara.
Se sube sin parar por un sendero ofreciendo poca luz y mucho frescor del bueno, con muchas partes totalmente congeladas, sobre todo pasando la zona de les Fontetes, lo que nos obligo a tener un cuidado especial, sobre todo por las partes del camino más complicadas.
La belleza de esta parte del camino consiste en sus contrastes de luz y sombra, sobre todo por la zona circundante a unas ruinas cuya única ventana aún de pie ofrece una clara perspectiva hasta las alturas.
Seguimos subiendo por la sombría, pasando por zonas muy frías y tranquilas hasta coger el sendero que sube hasta las crestas, muy empinado y estrecho.
Es allí que se complicaron las cosas para el señor chuxo, poco amantes de las partes vertiginosas que acabaron con su temple canino y su frescura animalesca. Ni ladró, el pobre.
No obstante, conseguimos llegar hasta una impresionante cavidad rocosa del Peñón, pero poco más ya que la cosa prometía complicarse de manera exponencial, así que decidimos volver atrás, bajando hasta la pista forestal que nos llevó sin problema hasta la zona recreativa Las Planisses donde emprendimos una bajada a pleno sol que nos llevó rápidamente de vuelta al pueblo. Conclusión de la aventura: El que no sube baila, sino se congela.






























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